Remontando el Orinoco encontramos las bocas del Bita, precioso río de agua negra brillante, protegido por la ley bajo la denominación de Ramsar, protección que se logró durante el Gobierno de Juan Manuel Santos y en su conservación intervienen varias entidades, entre ellas la Fundación Omacha.

El río mide 598 kilómetros y su declaratoria como río protegido se debe a su inmensa biodiversidad, y cuya cuenca incluye 250 especies de peces, 200 de aves, 60 de mamíferos y 1.474 plantas. Entre los mamíferos sobresalen el jaguar, la danta o tapir, los venados y los delfines de río.

El río está protegido en toda su longitud. De su riqueza en pesca viven varias comunidades.

Hablamos poco. Es un propósito deliberado para adentrarnos más en la magia del ancho río y de sus márgenes rocosas. Llegamos al paraje llamado Ventanas. Se trata de un conjunto de rocas entre las cuales discurre el río formando un raudal.

Allí saltamos a tierra, o sea a roca. Las rocas son redondeadas, exentas de filos, moldeadas por la corriente. Nos detenemos media hora para saltar entre las rocas y hacer fotos.

El conjunto tiene una rara belleza. El agua ha formado muchas moyas o sea huecos redondeados que se llenan de agua.

El sabio Humboldt cuenta que para calmar las fiebres causadas por la picadura de los mosquitos exprimían limones en el agua de las moyas como si fueran jarras y la bebían. Obviamente lo hacían en moyas que tenían agua corriente. Ventanas es un lugar privilegiado para la pesca.

Continuamos nuestro viaje y llegamos a Casuarito, pueblo ubicado en la margen hidrográfica izquierda del río. Lo escriben también con zeta, Cazuarito.

Allí descendemos para visitar el poblado, que tiene un larguísimo malecón que opera como mirador sobre el río y sobre la ciudad de Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas, de Venezuela, situado al otro lado del río. Casuarito es corregimiento de Puerto Carreño. Casuarito es clave para el llamado transporte intermodal, es decir el paso de tierra a río y viceversa.

Por una carretera, o mejor trocha, que viene del interior, de Bogotá y de Villavicencio, llega a Casuarito todo el comercio que va a Inírida y que no le llega por avión.

Aquí en Casuarito los camiones descargan las mercancías que pasan a los planchones que siguen remontando el Orinoco hasta llegar a las bocas del Guaviare por las que entran para pasar luego al río Inírida y llegar a la capital del Guainía. Menudo trabajo y transporte.

Hace años, cuando Venezuela gozaba de buena situación económica, Casuarito vivió su época de vacas gordas. Llegaban mercaderías de Bogotá, muy apreciadas por los venezolanos que constantemente pasaban de Puerto Ayacucho a comprar a Casuarito, que llegó a tener 3.000 habitantes. Hoy todo ha cambiado. Los negocios de Casuarito abren sus puertas esperando que por milagro de Dios aparezca algún comprador. La llegada de nosotros les alegró pues compramos en varias tiendas.

Yo venía hablando a los compañeros de la famosa cerveza Polar, icónica de Venezuela. No me gusta la cerveza ni ninguna bebida alcohólica, excepto el vino que aprendí a gustar en mis años de estudio en Europa. Pero sí me agrada, como excepción, la cerveza Polar, que es pequeña y muy suave.