Con el lema “Para las mujeres y niñas en toda su diversidad: derechos, igualdad y empoderamiento”, este 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres.

Este año marca el 30.° aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada en 1995 por 189 gobiernos durante la 4.ª Conferencia Mundial sobre la Mujer. Documento considerado el plan de acción más progresista y respaldado para el avance de los derechos de las mujeres en el mundo.

Aunque hay progresos, las cifras 2023 (https://www.unwomen.org) son alarmantes: 612 millones de mujeres y niñas vivieron la crueldad del conflicto armado, 50% por encima de los últimos diez años; la violencia sexual aumentó en un 50% frente al año anterior; el número de niñas afectadas por violaciones graves creció 35%.

La mitad de la población desplazada por la fuerza corresponde a mujeres y niñas. Millones de mujeres no pudieron acceder a servicios de salud sexual y reproductiva por la destrucción de centros de salud en 19 países.

Entre 2022 y 2023 se denunciaron 6.000 ataques a escuelas y universidades; en algunos casos las instalaciones educativas se convirtieron en bases militares.

En 2024, cerca de 119 millones de niñas en edad escolar y adolescentes no fueron a la escuela; más de una cuarta parte de ellas están en países afectados por conflictos o crisis.

¿Será que buscando la igualdad perdimos la capacidad de reconocer el verdadero valor de la mujer? Tenemos el mismo derecho a la dignidad, sin importar género, raza, edad o condición.

No obstante, también necesitamos reconocer el valor de la diferencia y la importancia del rol femenino en la sociedad, que empieza por la capacidad del cuerpo femenino para engendrar y dar origen a una nueva vida ¡Esto es realmente maravilloso! Es lo que nos permitió llegar aquí, a usted y a mí, a todos.

Si viéramos el verdadero valor de este cuerpo sagrado, capaz de dar a luz un nuevo ser humano, de esta mujer-mamá que pone su vitalidad al servicio de otro, de esta persona que contiene, alimenta, cuida y forma otra vida, tal vez veríamos de otra manera a las mujeres, nos miraríamos distinto a nosotras mismas.

El teólogo italiano Enzo Bianchi en su libro Jesús y las mujeres (2018) dice que Jesús se dirige a una mujer pecadora con una mirada que le devuelve su dignidad de mujer y pregunta a Pedro: “¿Ves a esta mujer?”, tal vez queriendo decirle: “¿La ves o sigue siendo para ti invisible? ¿La ves o para ti no existe? ¿Ves en ella lo que quieres ver desde tu prejuicio o ves lo que está haciendo ahora por amor?”.

Este texto me conecta con esa mirada compasiva y amorosa de Jesús con todos los que abrazó y acompañó mientras estuvo en la tierra, con la mirada amorosa de personas que me han acompañado en los momentos difíciles del camino, especialmente cuando me he sentido maltratada y juzgada por los más cercanos.

Recuperar la dignidad de las mujeres y las niñas, de todas las personas cuyos derechos están siendo vulnerados en tantos sitios, tal vez en nuestra casa, empieza por recordar que venimos del vientre de una mujer que dio su vida para engendrarnos, una mujer que, en la mayoría de los casos, siempre estuvo o está ahí para recordarnos con una mirada amorosa o un abrazo, que somos dignos de ser amados.

Pongamos el amor y la compasión -amabilidad- en las aulas de clase, empezando por los más pequeños, tal vez así seamos capaces de avanzar en la construcción de un mundo mejor.

Lo femenino no es exclusivo de mujer, es ternura y compasión, que nos acerca. El principio base de la sostenibilidad es asegurar las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras.

¿Cómo podemos lograrlo invisibilizando y destruyendo a quienes engendran la vida?